Desde hace tiempo se vienen estudiando los efectos que el consumo de frutos secos tiene sobre la salud. Los estudios científicos y médicos realizados concluyen que, gracias al perfil nutricional excepcional que presentan, el consumo regular de frutos secos protege de ciertos tipos de cáncer, ayuda a controlar los niveles de colesterol y disminuye la mortalidad causada por enfermedades cardiovasculares, a la vez que no provoca en el consumidor un incremento de peso. De esta forma, las connotaciones negativas que teníamos sobre estos alimentos han ido evolucionando hasta llegar al punto actual, en el que todos los especialistas en nutrición y alimentación reconocen las propiedades funcionales que tienen los frutos secos.
Los primeros en ofrecernos evidencias sobre el efecto favorable de los frutos secos sobre la salud fueron estudios prospectivos observacionales realizados en grandes poblaciones. La mayoría de ellos se centraron en la posible relación entre consumo de frutos secos y enfermedades cardiovasculares como el infarto de miocardio o la angina de pecho.
El primer estudio publicado en este ámbito fue el Adventist Health Study (1992), realizado en una población de adventistas de California. El estudio se realizó sobre una población de 31.208 personas de raza caucásica, adventistas, cuya dieta incluía de manera habitual el consumo de frutos secos. Se observó que una mayor frecuencia de consumo de frutos secos se asociaba a una disminución en el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Otros estudios prospectivos observacionales más recientes como el Iowa Women's Health Study (1996) o el Harvard Nurse's Health Study (1998) han obtenido resultados similares. Por último, el Physician's Health Study (2002), llevado a cabo recientemente por Albert y colaboradores mostró resultados similares a los anteriores.
A partir de los estudios observacionales, se han realizado varios estudios de intervención dietética con varios frutos secos para conseguir demostrar que la incorporación de frutos secos a la dieta provoca una disminución de factores de riesgo cardiovascular como los niveles de colesterol: todos ellos han dado resultados positivos. Así por ejemplo, algunos de los más recientes son los realizados por Zambón y colaboradores (2000), quienes mediante un estudio cruzado comparando dieta mediterránea y dieta mediterránea enriquecida con nueces observaron una disminución de las cifras de colesterol total y colesterol LDL (del 9 y del 11.2% respectivamente) significativamente superior en los individuos con dieta enriquecida con nueces. Almario y colaboradores (2001) obtuvieron también una reducción de las cifras de colesterol total y colesterol LDL en individuos dislipémicos cuando estos se sometían a una dieta baja en grasa suplementada en frutos secos. Iwamoto y colaboradores, en artículos publicados en el 2000 y 2002 mostraron también una disminución de los niveles de colesterol total en aquellos individuos que siguieron la dieta rica en nueces.
La relación de artículos científicos publicados que se ofrece a continuación puede guiarle a través de las diferentes observaciones experimentales con frutos secos que han venido sucediendo con el paso de los años:
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